Último dia del mes inicia la novena a "María de la Santa Fe", por las intenciones dadas por la Virgen durante todos estos años, finalizando el día 8 del mes siguiente.
Invita los días: Lunes,Jueves y Sábados a rezar el Santo Rosario. Invierno: 16:00 h (Desde el 31 Marzo al 30 Octubre) - Verano:18:00 h (Desde el 31 Octubre al 30 de Marzo). Los días 8 de cada mes,se reza a las 16:00 h

Mensaje, 3 MAR 2010

Mensaje, 20 de julio 2006

Hojas de libro  en formando un Corazon
Foto de SHUBHAM RAIKWAR en Unsplash

Hijos míos:
Benditos y amados hijos míos; nuevamente os doy gracias, porque estáis con la Madre; porque buscáis mis palabras de Madre.
Nuevamente doy gracias a cada uno de vosotros, porque plenamente abrís el corazón, a lo que ésta Madre os transmite; a lo que ésta Madre os dirige. Mis palabras son para vosotros; son para todos los hijos del mundo; para que todos los hijos comprendan, comprendan hoy y entiendan, el significado de cada una de mis palabras.
Hay oscuridad y tinieblas; hay desorden y almas que siguen el camino oscuro. Hay corazones que constantemente se encargan de dispersar, de herir, de dañar. Corazones que están en la oscuridad; corazones que están en las tinieblas. Recordad siempre, éstas mis palabras. Dios os trae la unidad. Dios es unidad; Dios es Paz, es el hombre, es el corazón del hombre.
El que dispersa, desune y crea confusión, porque son corazones guiados por el enemigo; guiados por el adversario.
Por eso hijitos míos; os invito hoy nuevamente a la oración, a vosotros; a los que están más cerca de vuestros corazones. La oración vence, la oración es muralla; la oración es fortaleza. Que siempre esté en vosotros, en vuestras manos, en vuestro corazón, el Santo Rosario, constantemente, día a día, porque así haréis una cadena, tan fuerte, que finalmente el enemigo será derrotado.
Hijitos míos, hijitos amadísimos; que éstas mis palabras sean conocidas por todos mis hijos; por todos por igual. Ya que ésta Madre no separa a ninguno de su lado y ésta Madre busca a todos sus hijos por igual. Pero derramo en abundancia, muchas lágrimas, cuando mis hijos escapan, huyen de Mi Presencia. El que pueda entender, que entienda; y el que entienda, transmítalo a sus hermanos.
Meditad. Meditad. Meditad Mis palabras.
Hora: 17 y 52.

Hermanos míos:
Benditos y amados hermanos míos; gracias a cada uno de vosotros, por vuestras palabras; por vuestro corazón, gracias, por responder, por buscar constantemente, cada una de mis palabras. Por buscar la paz que solo os da Mi Sacratísimo Corazón.
¡Oh! Hermanos míos; si supieras hoy; si vierais hoy, lo que le espera a éste mundo; lo que le queda a éste mundo; lo que viene sobre éste mundo. Rezad, pues; rezad, no temáis a los hombres; porque Mi Sacratísimo Corazón es vuestra fortaleza; porque Mi Divina Misericordia os cubre a todos. Porque realizo Mi Obra en vosotros y aún, la sigo realizando. Porque llevo a cabo “Mi Obra”, a través de cada uno de vosotros; porque transmito Mi Amor, vosotros y el mundo entero. Y esa es vuestra tarea, dar amor a vuestros hermanos, aunque os den un golpe, aunque os den vuelta la cara, aunque os insulten, aunque os profieran palabras injuriosas, siempre dad amor. Porque el amor, es fuertísimo; porque el amor, hace vivir al corazón, en la paz; porque donde hay amor, hay paz. Donde está el enemigo, hay división y discordia; y donde está Mi Sacratísimo Corazón, hay profundísimo amor; y profundísima paz.
No temáis, estoy a vuestro lado; estoy con vosotros de siempre; protegiéndoos y guiándoos; cobijándoos a cada uno como lo hace la gallina con sus polluelos a todos, a todos, a todos ; a vosotros y al mundo entero.
Éste es el tiempo de la Misericordia; que el mundo pues, descubra, encuentre Mi Divina Misericordia.
Hoy llamo en éste momento, luego vendrán, indefectiblemente el tiempo de la justicia, de la absoluta justicia sobre el mundo entero.
Os bendigo en éste día especialmente a vosotros, a vuestras familias, a vuestros hogares, vuestros familiares; todos vuestros seres queridos, a los que tenéis en vuestro corazón; a los que lleváis permanentemente en vuestras intenciones.
Bendigo a ésta Nación Santa; la Nación, que tiene muchos frutos de santidad. Ésta Nación bendita; ésta Nación grandiosa; y donde hay tantos corazones que desean dispersar y dividir.

Confiad en mis palabras; confiad profundamente Mi Divina Misericordia.
Hay hombres perversos, que dictan leyes perversas; leyes de muerte; leyes de división; leyes de desunión.
Pedid, pedid, pedid; y no os canséis de pedir; para que haya gobernantes justos, santos, generosos. Aún tenéis solamente gobernantes malévolos, crueles e insensibles. Y, por la Justicia, pasarán todos, todos, todos.

Recibid Mi Cuerpo y Mi Sangre.

En el Nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo.

Amén.


Mensaje | 30 Abril, 2004

foto ojo mujer lagrimeando

Dice la Santísima Virgen:
Hijo mío: Brilla una aurora para esta nación bendita, brilla una luz para este pueblo elegido por el Señor, la luz de su amor, de su verdad, de su paz, esta nación santa y bendita que deberá derramar lágrimas par sus pecados, esta nación bendita que en muchos lugares escucha al señor, escucha la voz del señor pero en otros están completamente sordos.

Rezad por las madres que pierden y perderán a sus hijos, rezad por la unidad de las familias, rezad para que vuestros gobernantes escuchen al Señor y abandonen la oscuridad del pecado y el deseo de poseer más.

Rezad por todos vuestros hermanos para que descubran la presencia de la Madre con cada uno de vosotros.

Meditad Mi profundísimo Mensaje. Amén Gloria al Altísimo.

Leed: Lucas: C 14, V 5 al 9.

Mensaje | 4 Enero, 2003

Foto cielo iluminado

Me dice la Santísima Virgen:
Hijos míos: Dios llama permanentemente, Dios da a todos sus hijos tantas oportunidades, tu debéis acercaros hacia el Señor por el camino de la verdad, del amor, de la paz y abandonar los caminos tortuosos, equivocados, los caminos incorrectos donde no está el Espíritu del Señor.

Llegad a Cristo Jesús, Mi Hijo Amadísimo, buscadlo, llegad a la confesión, llegad a la Santa Eucaristía donde Cristo Jesús, Mi Hijo Amadísimo se ofrece a vosotros como alimento para la vida eterna, participad del Santo Sacrificio de la Misa, participad plenamente porque Dios Nuestro Señor derrama en abundancia sus dones, derrama en abundancia su gracia sobre todos los fieles.

Creed en las palabras de esta Madre que a todos os guía, que a todos os conduce, llegad a la Madre camino hacia Cristo Jesús, Mi Hijo Amadísimo, llegad y peregrinad cada día 8 hacia Mi lugar Santo y bendito, hacia Mi Campito donde la Madre estará esperándoos a todos, donde la Madre estará derramando sus gracias sobre todos los hijos que han de llegar hacia esta la Santa Fe, la Nueva Jerusalén.
Mirad los signos de estos tiempos, mirad y leed mis mensajes porque son el llamado que Dios os hace a todos a la conversión, no rechacéis Mi palabra, escuchad y atended a cada una de ellas.

Meditad Mi profundísimo Mensaje.

Amén. Gloria al Altísimo.

Leed: Isaías: C 5, V 2. Juan: C 12, V 14

5 claves sobre por qué San Pedro y San Pablo se celebran el mismo día

Imagen San pedro y San Pablo

El lunes 29 de junio se celebra la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, día en que se reconocen las virtudes cristianas de dos de los más grandes y reconocidos apóstoles que defendieron con su vida el Evangelio.

A continuación, 5 claves para entender por qué se celebran en la misma fecha:

1. Son fundadores de la Iglesia de Roma

Jesús dijo: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Con estas palabras, Simón Pedro pasó a ser “la roca” de la Iglesia y se comprometió a apacentar el rebaño de Dios a pesar de sus debilidades humanas.

Luego de la Resurrección y Ascensión de Cristo, Pedro asumió con humildad ser cabeza de la Iglesia, dirigió a los Apóstoles y se encargó de que los discípulos mantuvieran viva la verdadera fe.

Pablo era conocido como Saulo de Tarso antes de su conversión. Luego del encuentro con Cristo continuó hacia Damasco donde fue bautizado y recobró la vista. Es reconocido como el apóstol de los gentiles y pasó el resto de su vida predicando el Evangelio sin descanso a las naciones del mundo mediterráneo.

“Sintiendo cercana la muerte, escribe a Timoteo: ‘He luchado el noble combate’. No es ciertamente la batalla de un caudillo, sino la de quien anuncia la Palabra de Dios, fiel a Cristo y a su Iglesia, por quien se ha entregado totalmente. Y por eso el Señor le ha dado la corona de la gloria y lo ha puesto, al igual que a Pedro, como columna del edificio espiritual de la Iglesia”, expresó el Papa Emérito Benedicto XVI en 2012.

2. Son columna espiritual de la Iglesia

En 2015, el Papa Francisco manifestó que San Pedro, San Pablo y la Virgen María “son nuestros compañeros de viaje en la búsqueda de Dios; son nuestra guía en el camino de la fe y de la santidad; ellos nos empujan hacia Jesús, para hacer todo aquello que Él nos pide”.

El Santo Padre explicó entonces que “la gloriosa herencia de estos dos Apóstoles es motivo de espiritual orgullo para Roma y, al mismo tiempo, es un reclamo a vivir las virtudes cristianas, en modo particular la fe y la caridad: la fe en Jesús como Mesías e Hijo de Dios, que Pedro profesó primero y Pablo anunció a la gente; y en la caridad, que esta Iglesia está llamada a servir con un horizonte universal”.

3. Ambos padecieron en Roma

San Pedro y San Pablo fueron detenidos y martirizados en la prisión Mamertina, también llamada el Tullianum, ubicada en el foro romano en la Antigua Roma.

San Pedro pasó sus últimos años en Roma liderando a la Iglesia durante la persecución, hasta su martirio en el año 64. Fue crucificado con la cabeza abajo a petición propia, por no considerarse digno de morir como su Señor. Fue enterrado en la colina del Vaticano y la Basílica de San Pedro está construida sobre su tumba.

San Pablo fue decapitado en el año 67. Está enterrado en Roma, en la Basílica de San Pablo de Extramuros.

4. Son patronos de Roma y representantes del Evangelio

En la homilía del 2012 por la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, Benedicto XVI llamó a estos dos apóstoles “patronos principales de la Iglesia de Roma”.

“La tradición cristiana siempre ha considerado inseparables a San Pedro y a San Pablo: juntos, en efecto, representan todo el Evangelio de Cristo”, precisó.

5. Son la versión contraria de Caín y Abel

Benedicto XVI también presentó un paralelismo opuesto con la hermandad presentada en el Antiguo Testamento entre Caín y Abel.

“Mientras que la primera pareja bíblica de hermanos nos muestra el efecto del pecado, por el cual Caín mata a Abel, Pedro y Pablo, aunque humanamente muy diferentes el uno del otro, y a pesar de que no faltaron conflictos en su relación, han constituido un modo nuevo de ser hermanos, vivido según el Evangelio, un modo auténtico hecho posible por la gracia del Evangelio de Cristo que actuaba en ellos”, dijo Benedicto XVI.

Sagrado Corazón de Jesús

La devoción al Corazón de Jesús ha existido desde los primeros tiempos de la Iglesia, cuando se meditaba en el costado y el Corazón abierto de Jesús, de donde salió sangre y agua. De ese Corazón nació la Iglesia y por ese Corazón se abrieron las puertas del Cielo. La devoción al Sagrado Corazón está por encima de otras devociones porque veneramos al mismo Corazón de Dios. Pero fue Jesús mismo quien, en el siglo diecisiete, en Paray-le-Monial, Francia, solicitó, a través de una humilde religiosa, que se estableciera definitiva y específicamente la devoción a su Sacratísimo Corazón.

El 16 de junio de 1675 se le apareció Nuestro Señor y le mostró su Corazón a Santa Margarita María de Alacoque, quien escuchó a Nuestro Señor decir:

«He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio, de la mayor parte de los hombres no recibe nada más que ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento de amor.»

Con estas palabras Nuestro Señor mismo nos dice en qué consiste la devoción a su Sagrado Corazón. La devoción en sí está dirigida a la persona de Nuestro Señor Jesucristo y a su amor no correspondido, representado por su Corazón. Dos, pues son los actos esenciales de esta devoción: amor y  reparación. Amor, por lo mucho que Él nos ama. Reparación y desagravio, por las muchas injurias que recibe sobre todo en la Sagrada Eucaristía.

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

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Esta fiesta se celebra en la Iglesia Latina el Jueves siguiente al Domingo de Trinidad para conmemorar solemnemente la institución de la Sagrada Eucaristía.
La Eucaristía es el Sacramento que contiene verdaderamente el Cuerpo y Sangre de Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad, toda la Persona de Cristo vivo y glorioso, bajo las apariencias de pan y vino.

El concilio de Trento define claramente esta verdad, funda mental para la vivencia y adoración de Cristo:


«En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía se contiene ver dadera, real y sustancialmente el Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad. En realidad Cristo íntegramente.” 


Como católicos, creemos que Jesucristo está personalmente presente en el altar siempre que haya una hostia consagrada en el sagrario. Es el mismo Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que andaba por los caminos de Galilea y Judea. Creemos que El viene ahora como nuestro huésped personal, cada vez que recibimos la Santa Comunión.

Santísima Trinidad

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Este 12 Junio la Iglesia celebra la Solemnidad de la Santísima Trinidad, misterio central de la fe cristiana.

Aquí te presentamos 12 claves para adentrarnos un poco más en este dogma:

1. La palabra Trinidad nace del latín

Proviene de la palabra latina “trinitas”, que significa “tres” y “triada”. El equivalente en griego es “triados”.

2. Fue utilizada por primera vez por Teófilo de Antioquía

El primer uso reconocido del término fue de Teófilo de Antioquía alrededor del año 170 para expresar la unión de las tres divinas personas en Dios.

En los tres primeros días que preceden a la creación del sol y de la luna, el Obispo ve imágenes de la Trinidad: “Los tres días que preceden a la creación de los cuerpos luminosos son símbolos de la Trinidad, de Dios, de su Verbo y de su Sabiduría”. (Para Autólicus 2:15)

3. Trinidad significa un solo Dios y tres personas distintas

El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (CCIC) lo explica así: “La Iglesia expresa su fe trinitaria confesando un solo Dios en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las tres divinas Personas son un solo Dios porque cada una de ellas es idéntica a la plenitud de la única e indivisible naturaleza divina. Las tres son realmente distintas entre sí, por sus relaciones recíprocas: el Padre engendra al Hijo, el Hijo es engendrado por el Padre, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo”. (CCIC, 48)

4. La Trinidad es el misterio central de la fe Cristiana

Sí, y el Compendio lo explica de esta forma: “El misterio central de la fe y de la vida cristiana es el misterio de la Santísima Trinidad. Los cristianos son bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. (CCIC, 44)

5. La Iglesia definió de forma infalible el dogma de la Santísima Trinidad

El dogma de la Trinidad se definió en dos etapas, en el primer Concilio de Nicea (325 D.C.) y el primer Concilio de Constantinopla (381 D.C.).

En el Concilio de Nicea se definió la divinidad del Hijo y se escribió la parte del Credo que se ocupa de Él. Este concilio fue convocado para hacer frente a la herejía arriana, que afirmaba que el Hijo era un ser sobrenatural pero no Dios.

En el Concilio de Constantinopla se definió la divinidad del Espíritu Santo. Este concilio combatió una herejía conocida como macedonianismo (porque sus defensores eran de Macedonia), que negaba la divinidad del Espíritu Santo.

6. La Trinidad se sustenta en la revelación divina dejada por Cristo

La Trinidad solo puede probarse a través de la revelación divina que Jesús nos trajo. No se puede demostrar por la razón natural o únicamente desde el Antiguo Testamento. El CCIC explica:

“Dios ha dejado huellas de su ser trinitario en la creación y en el Antiguo Testamento, pero la intimidad de su ser como Trinidad Santa constituye un misterio inaccesible a la sola razón humana e incluso a la fe de Israel, antes de la Encarnación del Hijo de Dios y del envío del Espíritu Santo. Este misterio ha sido revelado por Jesucristo, y es la fuente de todos los demás misterios”. (CCIC, 45).

Aunque el vocabulario utilizado para expresar la doctrina de la Trinidad tomó tiempo para desarrollarse, se puede demostrar los distintos aspectos de esta doctrina con las Sagradas Escrituras.

7. La Biblia enseña que existe un solo Dios

El hecho de que solo hay un Dios se puso de manifiesto en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, el libro de Isaías dice:

«Ustedes son mis testigos, dice Yahvé, y son mi servidor, que he elegido; sépanlo, pues, y crean en mí, y comprendan que Yo Soy. Ningún Dios fue formado antes de mí, y ningún otro existirá después”.

(Is. 43:10)

“Así habla el rey de Israel y su redentor, Yahvé de los Ejércitos: ‘Yo soy el primero y el último; no hay otro Dios fuera de mí’.

(Is. 44: 6)

8. El Padre es proclamado como Dios numerosas veces en el Nuevo Testamento

Por ejemplo, en las epístolas de San Pablo se narra lo siguiente:

“¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de los misericordias y Dios de toda consolación (…)”.

(II Cor. 1: 3)

“Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todos, que actúa por todos y está en todos.

(Ef. 4: 5-6)

9. La Biblia también demuestra que el Hijo es Dios

Esto es proclamado en varias partes del Nuevo Testamento, incluyendo al comienzo del Evangelio de San Juan:

“En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba ante Dios, y la Palabra era Dios (…) Y la Palabra se hizo carne, puso su tienda entre nosotros, y hemos visto su Gloria: la Gloria que recibe del Padre el Hijo único, en él todo era don amoroso y verdad”. (Jn. 1: 1, 14)

También: “Después dijo a Tomás: ‘Pon aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree’. Tomás exclamó: ‘Tú eres mi Señor y mi Dios’”. (Jn. 20: 27-28)

10. El Espíritu Santo es Dios y así lo afirman las Escrituras

En el libro de Hechos, el Espíritu Santo es retratado como una persona divina que habla y que a la que no se le puede mentir:

“Mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: ‘Separadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado’”.

(Hechos 13: 2)

“Pedro le dijo:

‘Ananías, ¿por qué has dejado que Satanás se apoderara de tu corazón? Te has guardado una parte del dinero; ¿por qué intentas engañar al Espíritu Santo? Podías guardar tu propiedad y, si la vendías, podías también quedarte con todo. ¿Por qué has hecho eso? No has mentido a los hombres, sino a Dios’”.

(Hechos 5: 3-4)

11. La distinción de tres Personas divinas se demuestra con la Biblia

La distinción de las Personas se puede demostrar, por ejemplo, en el hecho de que Jesús habla a su padre. Esto no tendría sentido si fueran una y la misma persona.

“En aquella ocasión Jesús exclamó:

‘Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, pues así fue de tu agrado. Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer”.

(Mt. 11: 25-27)

El hecho de que Jesús no es la misma persona que el Espíritu Santo se revela cuando Jesús -que ha estado funcionando como Paráclito (en griego, Parakletos) de los discípulos- dice que va a orar al Padre y el Padre les dará “otro Paráclito», que es el Espíritu Santo. Esto demuestra la distinción de las tres Personas: Jesús que ora; el Padre que envía; y el Espíritu que viene:

“y yo pediré al Padre y les dará otro Paráclito, para que esté con ustedes para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero ustedes lo conocen, porque mora con ustedes”.

(Jn. 14: 16-17)

12. El Hijo procede del Padre y el Espíritu procede del Padre y del Hijo

“Es ciertamente de fe que el Hijo procede del Padre por una verdadera generación. Según el Credo Niceno-Constantinopolitano, Él es “engendrado antes de todos los siglos». Pero la procesión de una Persona Divina, como el término del acto por el cual Dios conoce su propia naturaleza, es propiamente llamada generación” (Enciclopedia Católica).

El hecho de que el Hijo es generado por el Padre está indicado por los nombres de esas Personas. La segunda persona de la Trinidad no sería un Hijo si no hubiera sido generado por la primera persona de la Trinidad.

El hecho de que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo se refleja en otra declaración de Jesús:

“Cuando venga el Paráclito que les enviaré desde el Padre, por ser él el Espíritu de verdad que procede del Padre, dará testimonio de mí”.

(Jn. 15: 26)

Esto representa al Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo («que yo os enviaré»). Las funciones exteriores de las Personas de la Trinidad reflejan sus relaciones mutuas entre sí. También puede decirse que el Espíritu Santo procede del Padre por medio del Hijo.

Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en National Catholic Register.

Pentecostés

img-pentecostes

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar.

De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban.

Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.

Había en #Jerusalen hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo.

Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua.

Estupefactos y admirados decían: «¿Es que no son galileos todos estos que están hablando?

Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa?

Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia,

Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios.»

#pentecostes #Dios

Ascensión del Señor

A los cuarenta días después de la Resurrección habiendo instruido a sus Apóstoles sobre la nobilísima misión de establecer el Reino de Dios en el mundo, Jesús iba a subir al cielo, donde le esperaban las glorias celestiales. Bendijo a su querida Madre, a los Apóstoles y discípulos y se despidió de ellos. Una nube lo ocultó de sus miradas. Le acompañaban innumerables espíritus, los primeros frutos de la redención, que Él había sacado del Limbo. Las jerarquías angélicas salían al encuentro del Salvador del mundo.

Al situarse junto al Padre, toda la corte celestial entonó un himno glorioso de alabanza, como el que oyó Juan en sus visiones: «Digno es el Cordero, que ha sido degollado, de recibir el poder y la riqueza, la sabiduría y la fuerza, la honra, la gloria y la alabanza» (Ap 5, 12).

Jesús entró en los cielos para tomar posesión de su gloria. Mientras estaba en la tierra, gustaba siempre de la visión de Dios; pero únicamente en la Transfiguración se manifestó la gloria de su Humanidad Sacratísima, que, por la Ascensión, se colocó al lado del Padre celestial y quedó ensalzada sobre toda criatura humana. Cuando acabe la lucha en esta vida, Jesús nos dará la gracia de compartir eternamente el gozo de su victoria.

Jesús subió a los cielos para ser nuestro Mediador ante el Padre. Allí está intercediendo por nosotros. Subió para rendir cuentas al Padre celestial de la gran obra que había acabado en la tierra. La Iglesia nació, la gracia brota en abundancia de su Cruz en el Calvario y se distribuye por los Sacramentos, la duda de justicia es pagada, la muerte y el infierno son vencidos, el Cielo es abierto y el hombre es puesto en el camino de salvación. Jesús merecía este glorioso recibimiento, al regresar a su hogar.

La Ascensión, además, es garantía de nuestra propia subida al Cielo, después del Juicio de Dios. Fue a prepararnos sitio en su Reino y prometió volver para llevarnos con Él. Vayamos en espíritu con Jesús al Cielo y moremos allí. Sea esta nuestra aspiración ahora en fe, esperanza en caridad. Busquemos solamente los gozos verdaderos.